Encarando al mito de César Chávez
- Gonzalo Santos

- hace 4 días
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Actualizado: hace 3 días

Las revelaciones sobre la conducta sexual inapropiada de César Chávez con niñas y mujeres han sido devastadoras.
Por lo general, yo abordo la mayoría de los temas sociales desde una perspectiva macro sociológica. Esto incluye mi último ensayo sobre la actual implosión acelerada de la formación social estadunidense, que está generando violencia estatal y caos social y político bajo el peso de innumerables patologías difundidas por el movimiento MAGA en el poder - entre ellas, centralmente, la escandalosa impunidad que rodea la trata sexual que durante décadas traficó miles de niñas por y para la llamada “clase Epstein”, de la cual Donald Trump es su representante más destacado y repugnante.
Mientras seguía los implacables ataques domésticos de Trump en Estados Unidos y las guerras imperialistas no provocadas en el extranjero, la noticia sobre el comportamiento sexual depredador de Chávez hacia las niñas y el abuso a mujeres cayó como una bomba de neutrones, desgarrando el corazón y el alma de nuestras comunidades latinas, que le veneraban. ¿Cómo pudo traicionarnos así — no sólo a las víctimas, sino también a las y los activistas del movimiento que lideró y a la comunidad más amplia que él decía defender?
Siempre he entendido que mi enfoque macro histórico para explicar nuestro mundo social es necesario si queremos evitar perder de vista el bosque por los árboles, pero, admito, insuficiente: también necesitamos estudiar los árboles. Las revelaciones de Chávez, y la dinámica interna dentro del movimiento sindical de los trabajadores agrícolas que lideró, enmarcadas en la larga historia de luchas sociales antisistémicas contra la explotación laboral y la opresión racial y de género en Estados Unidos, me han obligado a recurrir a otros estudios a nivel micro (individual, familiar) y meta (institucional, organizacional) de análisis, para tener en cuenta las patologías que surgen en los ámbitos de las relaciones interpersonales y organizativas, manifestadas no sólo en todas las instituciones sociales, sino también en nuestros movimientos sociales. Es en todas estas esferas de interacción social donde se experimentan, se permiten y se reproducen socialmente, así como se enfrentan, el patriarcado y la violencia de género.
Es en este espíritu que comparto aquí tres conjuntos de artículos y vídeos que espero encuentres esclarecedores y útiles:
1. tres artículos excelentes sobre violencia de género prevalente en el movimiento, los traumas que causó y los procesos de curación y las prácticas protectoras que se requieren: ver aquí, aquí y aquí;
2. otro artículo del New York Times que revela en más detalle el culto a Chávez en el U.F.W., y unos vídeos (en tres partes) que aplica la "teoría del culto" a las dinámicas del culto a Chávez dentro de la U.F.W., que lo llevaron a esos comportamientos abusivos y depredadores con impunidad: aquí, aquí, aquí, y aquí;
3. cinco informes que abordan la prevalencia de la violencia sexual en los campos, tanto contra mujeres como contra las trabajadoras agrícolas, a manos de los agricultores, contratistas y compañeros de trabajo: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Esta violencia de género generalizada en los campos agrícolas es sistémica, inmensa, e ignorada.
La situación es intolerable y clama por una intervención decisiva de parte de toda la sociedad para elevar los derechos y protecciones de todos los trabajadores agrícolas, hombres, mujeres y niños, documentados o no, al nivel de todos los demás trabajadores, mujeres y niños de nuestra sociedad – algo que nunca ha ocurrido. También ilustra vívidamente uno de los peores resultados de nuestro régimen migratorio quebrado y anacrónico, y la urgente necesidad de luchar por reformas mucho más profundas y radicales para establecer un visionario y audaz sistema de movilidad humana justa, flexible y sin restricciones, uno firmemente basado en los derechos humanos, sociales y laborales universales - no como hasta la fecha, en maximizar las ganancias, mucho menos apaciguar a la xenofobia y racismo de los nacionalistas blancos o el fanatismo de los cristianos fundamentalistas. Los trabajadores agrícolas, al igual que la abundante comida que producen, no deberían conocer fronteras, sino ser protegidos y valorados.
Aún falta – indispensable para entender qué ocurrió realmente con la UFW y muchos otros movimientos sociales nacidos de las rebeliones sociales de los años 60 – un estudio crítico sobre la manera en que la U.F.W. y sus organizaciones afiliadas se dejaron gradualmente cooptar dentro de las dinámicas de poder del duopolio estadounidense, hasta perder su autonomía y volverse en una franquicia de su lado liberal demócrata.
Es necesario estudiar cómo la UFW y sus dos fundaciones afiliadas adoptaron una estrategia de relaciones públicas de "marca" basada en la promoción constante del culto a la personalidad de sus dos líderes históricos, César Chávez y Dolores Huerta; y cómo estas organizaciones se reorientaron voluntariamente, alejándose de su anterior organización militante y autónoma por la justicia social, principalmente para los trabajadores agrícolas, y hacia desempeñar lo que sólo puede describirse como trabajo de legitimación para el Partido Demócrata.
Puedo ofrecer algunas observaciones preliminares: la apuesta inicial de estos movimientos de los años 60 era que tal reorientación —trabajando dentro del sistema de duopolio del lado liberal demócrata— tenía más posibilidades de lograr un progreso gradual pero constante, que seguir organizando acciones colectivas militantes en las calles y campos de Estados Unidos.
El problema fue, por supuesto, que el momento de esa reorientación estuvo fatalmente desfazado, dado el fuerte declive del liberalismo desde los años 80 en adelante y el auge del conservadurismo, en el contexto global del declive de la hegemonía global estadunidense y el creciente consenso de las élites de ambos partidos del duopolio para revertir los avances sociales del New Deal y los Derechos Civiles. Los movimientos sociales que optaron por esta estrategia en la era postliberal de rendimientos decrecientes han tenido, de hecho, muy poco que mostrar como logros y avances, hasta ahora. Hoy, el partido demócrata y sus aliados yacen prácticamente vencidos y paralizados por el agresivo, envalentonado y empoderado gigante del Maga Trumpismo. El duopolio está roto. Ha regresado el momento de la acción colectiva decidida, autónoma y militante.
Es importante señalar la relación entre la estrategia de “marca” (branding en inglés) de la U.F.W. y su alianza con el Partido Demócrata. Esta marca funcionaba en ambos sentidos: proporcionaban legitimidad y apoyo leal en la sociedad civil a candidatos liberales y administraciones demócratas en un momento en que el Establishment liberal entraba en pánico y comenzaba a retirarse del contrato social que ellos mismo establecieron y que favorecía a las clases trabajadoras, y abrazaba las "políticas neoliberales" de los republicanos, que favorecían a las élites. Peor aún, empezaron a "triangular" su apoyo a las leyes de inmigración y encarcelamiento masivo contra las comunidades negras y latinas, leyes mucho más restrictivas y punitivas. Este giro hacia la derecha, iniciado por Bill Clinton, continuaría —y empeoraría— a medida que los demócratas se convirtieron en facilitadores de la era Bush y sus guerras interminables e imprudencia financiera, para luego rectificarse sólo ligeramente durante las administraciones Obama y Biden, caracterizadas por rescatar Wall Street, continuar las guerras de Bush y acelerar detenciones y deportaciones masivas, sólo para prácticamente rendirse dos veces consecutivas ante los embates del nuevo régimen fascista MAGA. ¡No es un récord del cual los movimientos se puedan sentir orgullosos!
A cambio de todo ese apoyo leal e inquebrantable por parte del U.F.W. y otros movimientos al Partido Demócrata y a todas sus políticas diluidas y comprometidas en áreas como la sanidad, la inmigración, el medio ambiente y la política exterior (¡incluso los derechos de los trabajadores agrícolas!), la "familia" de organizaciones afiliadas a la U.F.W. fue generosamente recompensada con financiación de varias fundaciones liberales grandes y subvenciones y contratos de agencias gubernamentales. También su "marca" recibió un poderoso reconocimiento simbólico: el busto de César Chávez en el Despacho Oval de Biden, las medallas presidenciales tanto a Chávez como a Huerta, proclamaciones nacionales y estatales del Día de CC, proclamaciones de parques nacionales, una interminable lista de escuelas y calles que llevan su nombre, murales pintados y monumentos erigidos en su honor.
Nada de esto me nos pareció extraño; más bien cumplió su función, no sólo culturalmente sino políticamente, para naturalizar la adoración al héroe, a medida que nos acostumbramos a celebrar nuestro pasado movimiento de trabajadores agrícolas a través de estos iconos mientras dejamos de oír y responder a sus urgentes y desesperadas llamadas a apoyar sus presentes luchas por la justicia. Y lo mismo ocurre con otros movimientos, como el movimiento por los derechos de los inmigrantes – cooptados por estas organizaciones y traicionados por el Partido Demócrata repetidas veces.
Pero ahora que el hechizo se ha roto, y sólo quedamos We, the People (nosotros, el pueblo), reorganizándonos en movimientos libres de líderes de cultos atados a las maquinaciones de un duopolio moribundo, y listos para retomar la Buena Lucha con más determinación y audacia que nunca, quizás miremos hacia atrás, hacia todas esas medallas y murales que tanto nos deslumbraron y sintamos extrañeza al respecto - sin duda un signo de madurez política.
Porque, como dijo una de las víctimas del ídolo caído César Chávez, "el movimiento – ese es el héroe", y como dicen en las calles de Los Ángeles, "sólo el pueblo salva el pueblo".



