ANGELA DAVIS REIVINDICA EL FEMINISMO ABOLICIONISTA Y ANTIRACISTA EN LA UNAM

Actualizado: 1 sept

Ha sido gran noticia en México la presencia ayer de la legendaria e inclaudicable activista, autora, educadora y pensadora revolucionaria Angela Davis en la UNAM, estudiante de Herbert Marcuse en Berkeley en los años 60s, lideresa de las Panteras Negras y mundialmente famosa prisionera política, ante una rebasada concurrencia de miles que rápidamente llenó el auditorio principal hasta el tope y requirió de transmisión a múltiples recintos más.
También fue transmitido en vivo por TV UNAM. Pueden ver su conferencia magistral, y el dialogo con sus compañeras feministas Gina Dent y Amneris Chaparro Martínez, aquí.
El mejor resumen que he visto es este reportaje de la periodista Eirinet Gómez en La Jornada. Para deleitarse del ambiente verdaderamente eufórico y la profunda inspiración que causó la presencia de Davis en la UNAM - especialmente entre las feministas mexicanas afrodescendientes - recomiendo lean las emotivas crónicas que subió al Facebook Edith Lopez Hernandez.
Aquí añadiré dos observaciones: (1) Para mí, que he vivido y luchado en las entrañas del imperio casi tanto tiempo como Davis lleva luchando ininterrumpidamente, es conmovedor ver que hoy en México, al menos entre los estudiantes universitarios, existe la misma sed y voluntad de comprender y transformar el mundo que yo mismo presencié en México en la década de 1960 y posteriormente en Estados Unidos en la de 1970. Esto es una buena señal de que vamos por buen camino, de que el hilo generacional del espíritu rebelde no se ha roto, ni allí ni aquí, como tantos han intentado hacernos creer en estos tiempos de neoliberalismo, que se ha extendido a este periodo de neofascismo trumpista.
Lo que se necesita ahora es un intenso intercambio de ideas y la coordinación de prácticas revolucionarias en todo el continente, y especialmente entre los países americanos del hemisferio norte y sus pueblos, incluyendo todas sus diásporas migrantes dondequiera que se encuentren.
Davis y Dent ya sembraron la semilla de la idea revolucionaria de que la liberación de toda forma de violencia y opresión basada en el género, la raza y las orientaciones sexuales disidentes no puede lograrse mediante la construcción de una sociedad penitenciaria, lo que en Estados Unidos se conoce desde hace décadas como el Complejo Industrial Penitenciario o el Nuevo Jim Crow.
Este mensaje va dirigido a todos los mexicanos, pero especialmente a los partidarios de Trump, de Bukele y a los "Whitexicans" (mexicanos con mentalidad de blancos) que pretenden convertir a México en un El Salvador gigante. Creo que la mayoría del pueblo mexicano tiene claro que este no es el camino a seguir, y mucho menos propiciar la violencia imperial y la intervención militar estadounidense. El antiimperialismo del pueblo mexicano se mantiene fuerte, a pesar de que desde hace años están hartos de los altos niveles de inseguridad ciudadana, las extorsiones, los secuestros, los asesinatos y las desapariciones, y en particular los feminicidios, producto de la cultura machista, mientras las organizaciones criminales operan con total impunidad.
La pregunta urgente, entonces, es cómo abordar esta grave crisis de inseguridad y los inaceptablemente altos niveles de violencia social, si no es con violencia estatal y gulags penitenciarios. Esto plantea la ineludible y apremiante pregunta: ¿vamos a continuar con las mismas estructuras de la economía política capitalista que produjeron niveles tan extremos de desigualdad social interna y subordinación económica a la amenazante potencia imperial vecina de México, la misma situación estructural que ha permitido —e incluso generado— el resquebrajamiento y el colapso de la paz social a un costo tan elevado?
La solución, insiste Davis, no radica en aplicar tácticas estatales represivas ni en proliferar las cárceles; el propio AMLO lo afirmó, tras el horrible baño de sangre que presenció bajo el mandato de su predecesor Felipe Calderón, con la aprobación de Estados Unidos, lo que lo llevó a lanzar su lema de campaña "abrazos, no balas" y, posteriormente, a proclamar que la ideología de su gobierno era el "humanismo mexicano". Pero incluso entonces, una vez en el poder, no tocó a las organizaciones criminales ni a los perpetradores de feminicidios, y mucho menos a los militares; tampoco desafió al imperio de Trump 1.0 ni afectó a sus socios mexicanos, las arrogantes y rapaces oligarquías mexicanas, firmando el todavía depredador acuerdo T-MEC que reemplazó al neoliberal TLCAN, ambos beneficiando a las élites económicas de Norteamérica y marginando los intereses de sus clases trabajadoras trinacionales, incluyendo, de manera flagrante, a la enorme y ferozmente perseguida diáspora mexicana en la región (aproximadamente 40 millones en EE. UU. y 155.000 en Canadá).
El resultado hoy, ocho años después del triunfo de Morena a nivel nacional y en todos los niveles de gobierno, es que amplias regiones siguen sumidas en una crisis de violencia e inseguridad ciudadana, y persiste una impunidad rampante para las poderosas organizaciones criminales y los políticos y empresarios con los que colaboran. El régimen imperialista de Washington, lejos de reprimir el narcotráfico (incluida la industria farmacéutica), el contrabando de armas y el lavado ilícito de miles de millones de dólares en su territorio, utiliza las inseguridades patentes en México para amenazar, impulsar y justificar su plan de ejercer un control económico y geopolítico total sobre México, tal como lo hace agresivamente en todos los demás países del continente. ¿Qué camino tomar ante estas circunstancias tan apremiantes? ¿Cómo y con quién? Estas preguntas siguen siendo urgentes y exigen una transformación mucho más profunda de la sociedad mexicana y sus relaciones con Estados Unidos y el resto del continente americano.
Un posible modelo para afrontar estos tiempos peligrosos de reanudación de las intervenciones imperialistas en América bajo la llamada Doctrina Donroe se encuentra en el informe exhaustivo recientemente publicado por la principal agencia de la ONU para el desarrollo latinoamericano, la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), titulado «Rupturas y Oportunidades: Propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica», disponible aquí. Muy recomendable. Pueden también ver el vídeo, muy informativo, sobre su lanzamiento el 4 de agosto, aquí.
(2) Para mi manera de pensar, por mi localización en la gran diáspora mexicana (40 millones) en Estados Unidos, el mensaje y la semilla que plantó Ángela Davis resonó inmediatamente en el tema migratorio - algo que inexplicablemente no se mencionó en ninguno de los análisis sobre y reportajes del evento que he leído. Digo inexplicablemente porque si hay en la actualidad una epidemia de violencia y cacería institucionalizada carcelaria en Norteamérica es precisamente la dirigida con saña trumpista hacia los migrantes, en su gran mayoría mexicanos y latinoamericanos. Pero lamentablemente, ni en el evento ni en los reportajes se habló de abolir a… ¡ICE!
Pero yo aquí lo hago.
El dialogo con Davis en la UNAM está basado en su libro coescrito “Abolición, feminismo, ¡ahora!,” que propone el fin del sistema carcelario y el castigo penal como respuestas a la violencia de género.
“Se refiere”, dijo su compañera feminista abolicionista Dent, “a que no podemos usar las cárceles para solucionar los problemas de género que existen. El feminismo abolicionista se trata de un proyecto de construcción y desarrollo. Es un proyecto para reconstruir el mundo.”
Podemos sustituir las palabras y decir: “El humanismo abolicionista transnacional propone el fin del sistema carcelario, las detenciones indefinidas y las deportaciones masivas para solucionar los problemas de la migración irregular y los flujos de refugiados que existen. Se trata de un proyecto social y político de construcción y desarrollo integrado, justo, y balanceado a nivel continental, a la par de una integración económica igualmente equitativa, justa, y balanceada.”
Obvio que las diásporas y los flujos migrantes no constituyen el problema, sino la solución humana, sin o con papeles, a procesos capitalistas depredadores diseñados por el capital global y sus oligarquías aliadas para el subdesarrollo y la imposición de bloqueos artificiales a la movilidad humana y los derechos laborales, y por tanto a la integración harmoniosa del continente.
El "socialismo abolicionista", para acuñar una frase, corolario indispensable del feminismo abolicionista, sería la versión revolucionaria que sostiene que no podemos usar las fronteras blindadas y los campos de concentración migrante y las deportaciones masivas para la liberación nacional de los pueblos de las Américas – ni siquiera para su “seguridad nacional”, tan vulnerada como está ya por las espantosas contradicciones del capitalismo en crisis; y que aboga, por lo tanto, tanto por la abolición de los sistemas carcelarios, gulags migratorios, y castigos penales como por la abolición de las fronteras rígidas entre los estados nacionales del continente - especialmente entre centros y periferias.
Nuestra América - toda América - será libre, y la violencia de género, raza, y clase será abolida cuando sea transformada, a partir de una lucha revolucionaria incesante y sin cuartel hasta la victoria, en un sistema realmente humanista universal, poscapitalista, transnacional, uno que no requiera de cárceles ni fronteras, ni violencia social alguna para sostenerse.
¿Y si sí?



